Edad
La edad es el factor de riesgo más importante para las várices, y también un factor de riesgo para el que no hay solución[1]. Con la edad, los tejidos conectivos de sus venas se debilitan y la capacidad de su cuerpo para producir colágeno y elastina, las proteínas que forman esos tejidos conectivos, disminuye, lo que da proteínas estructurales de menor calidad. Por eso, sus vasos sanguíneos se vuelven más rígidos y menos capaces de adaptarse a las variaciones normales del flujo sanguíneo. Además, con la edad tendemos a volvernos más sedentarios, lo cual trae sus propios factores de riesgo. Sin embargo, si físicamente puede mantenerse activo, esta parte del proceso de envejecimiento está en gran medida bajo su control.

La edad también está ligada al sexo en cuanto a su efecto sobre el riesgo de várices: las mujeres tienen un aumento mayor del riesgo y también más síntomas si desarrollan várices al envejecer, en comparación con los hombres[1]. Después de los 65 años, se ha encontrado que las mujeres tienen 83% de probabilidad de desarrollar várices, cerca de 28% más de probabilidad que los hombres del mismo rango de edad[1].
Obesidad
Es bien sabido que tener sobrepeso lo pone en mayor riesgo de padecimientos como presión alta, enfermedad del corazón y diabetes. Tener sobrepeso también aumenta su riesgo de várices y, si tiene obesidad y desarrolla várices, es más probable que tenga síntomas que alguien con várices que no tiene sobrepeso[2].
La obesidad se asocia con inflamación crónica de bajo grado, que empeora las várices al causar cambios en el revestimiento de los vasos sanguíneos que llevan a un flujo sanguíneo aún más afectado[2]. Además, si tiene obesidad y várices, es más probable que presente úlceras, o heridas abiertas en la piel, que son una complicación seria de la enfermedad venosa que puede tardar mucho en sanar y ser difícil de tratar[2]. Las úlceras también tienen más probabilidad de volver a aparecer en pacientes con várices y obesidad[2].
Genes
Los investigadores han identificado cientos de genes y variantes genéticas asociadas con un mayor riesgo de várices. La variabilidad genética entre las personas tiene un impacto significativo –cerca del 60%– en el riesgo de várices[3]. Si sus dos padres tienen várices, tiene 90% de probabilidad de desarrollar várices en algún momento de su vida[3]. Si uno de sus padres está afectado, su riesgo es de 25% si es hombre y de 62% si es mujer[3].
Algunas de las conexiones genéticas más fuertes tienen que ver con genes que participan en la regulación de la presión arterial y con genes que participan en el desarrollo de su sistema vascular[4]. También hay evidencia genética fuerte que muestra que si alguna vez ha tenido un coágulo en la pierna, tiene mayor riesgo de desarrollar várices[4]. Los genes que regulan el desarrollo vascular pueden hacer que algunas personas sean más susceptibles a un flujo sanguíneo afectado. También hay variantes genéticas que hacen que la sangre de algunas personas sea más propensa a coagularse[4].

Embarazo
El embarazo contribuye mucho al mayor riesgo de várices en las mujeres. Cerca del 40% de las mujeres desarrollan várices durante el embarazo y, en la gran mayoría de estas mujeres, las várices aparecen en el primer trimestre, muchas veces desde las primeras semanas[5]. Además, después de dos o más embarazos, el riesgo de una mujer de desarrollar várices más adelante aumenta 20% – 30%[3].
Hay varios factores propios del embarazo que son responsables de este mayor riesgo:
- Las hormonas que se liberan durante el embarazo, en particular la progesterona, hacen que las venas se expandan más, y esto pone estrés en las venas y dificulta el regreso de la sangre al corazón[5].
- El aumento del volumen de sangre en el embarazo pone estrés físico adicional en los vasos sanguíneos[5].
- Conforme el bebé crece, el peso adicional dentro de la pelvis de la mamá comprime las venas pélvicas, lo que aumenta la presión en las venas de las piernas[5].
- Se cree que los receptores de estrógeno y progesterona en las venas grandes de las piernas contribuyen a la dilatación de las venas y al mal funcionamiento de las válvulas venosas[5].
Estilo de vida sedentario
Tener un estilo de vida sedentario es un factor de riesgo importante para las várices. La manera más fácil de entender los efectos de una vida sedentaria en la salud de sus venas es considerar los beneficios de una vida activa que no está aprovechando cuando es sedentario. Hay muchos beneficios importantes de salud que se ganan al hacer ejercicio con regularidad, y varios de ellos mejoran directa o indirectamente la salud de sus venas y disminuyen su riesgo de desarrollar várices.

En primer lugar, el ejercicio hace que su sangre circule: eso significa no solo el flujo de sangre hacia sus músculos, corazón y pulmones, sino también el flujo de sangre en sus venas. Los ejercicios que usan los músculos de las piernas son especialmente útiles para promover la circulación en las venas de las piernas. Además, el ejercicio regular también le ayuda a mantener un peso saludable, lo que puede reducir su riesgo de várices al prevenir la presión alta, y fortalece sus músculos, que son un componente necesario de una circulación venosa sana por su suave efecto de masaje sobre las venas, que ayuda a empujar la sangre a través de ellas. Por último, el ejercicio puede levantarle el ánimo, lo que puede ayudarle a seguir motivado para hacer más ejercicio. Si tiene un estilo de vida sedentario, se está perdiendo estos beneficios preventivos y está aumentando su riesgo de várices.
Todos estos factores de riesgo son importantes de entender, pero la única forma de tratar las várices de manera efectiva es buscar tratamiento profesional de venas. Las opciones de tratamiento mínimamente invasivo para várices y arañitas en Empire Vein & Vascular Specialists pueden asegurar que sus problemas de venas se atiendan correctamente.
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Referencias
- La influencia de la edad y el sexo en la sintomatología venosa. Una encuesta epidemiológica en Bélgica y Luxemburgo. Phlebology, 2016. 31(5): p. 325-33
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26036248/ - Obesidad y enfermedad venosa de las extremidades inferiores – La epidemia de la flebesidad. Phlebology, 2017. 32(4): p. 227-233
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27178403/ - La influencia de los factores ambientales en la insuficiencia venosa crónica. Angiology, 2003. 54 Suppl 1: p. S19-31
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12934754/ - Determinantes clínicos y genéticos de las várices. Circulation, 2018. 138(25): p. 2869-2880
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/30566020/ - Intervenciones para las várices y el edema de piernas en el embarazo. Cochrane Database Syst Rev, 2015. 2015(10): p. Cd001066
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26477632/